Siete lugares para lunáticos
Lomas escarpadas, texturas irreales, dunas perfectamente perfiladas… hay zonas en la Tierra que parecen más propias de la Luna. Auténticos santuarios en los que la naturaleza se ha explayado a gusto. Te proponemos un recorrido por los paisajes lunares más increíbles que esconde el planeta.
La primera agencia española especializada en viajes espaciales acaba de presentarse en sociedad. En
viajesalespacio.destinia.com encontrarás la posibilidad de sentirte como un auténtico astronauta, previo entrenamiento guiado por manos expertas, al permitirte dar una vuelta a la tierra e incluso alejarte de ella hasta 10 kilómetros. Sin embargo, y aunque hay quien venda en Internet parcelas en la Luna por la anodina cifra de 37 dólares, conocer
in situ nuestro satélite es algo que aún no vemos muy claro. Volver a repetir la hazaña del Apolo 11 llevará su tiempo, pero eso no significa que no podamos disfrutar, en escenarios terrestres, de homenajes naturales a nuestra luna. Paisajes tan bellos como agrestes e inhóspitos que guardan un asombroso parecido con nuestro familiar astro y que te pillan algo más cerca. Ahórrate el billete espacial y disfruta de estos lugares tan poco terrenales.
El Valle de la Luna, en Chile.
El boliviano Salar de Uyuni.
Capadocia, la joya turca (VER IMAGEN)
La peculiar geología ha servido para declarar a la región de Capadocia, en el centro de Turquía, Patrimonio de la Humanidad. El lugar presume de extravagantes formaciones rocosas, convertidas en casas, que parecen el resultado de un encantamiento y que en realidad son fruto de la erosión. Una caprichosa cáscara de sedimentos que esconde en su interior varias ciudades subterráneas que habitaron persas, romanos y bizantinos. Urbes (
Kaymakli,
Ürgup y
Derinkuyu), de hasta ocho alturas, con puentes, pasadizos, escaleras y capillas. El lugar no tiene desperdicio. Contémplalo sin prisas alojándote en uno de los hoteles de la zona. Así, el
Kelebek, cuenta con dos chimeneas creadas por la erosión del volcán Mt Erciyes; el
Hotel Yunak, a modo de mansión griega, ofrece a sus huéspedes un diseño moderno pero salpicado de antigüedades. Y el Gamirasu Cave Hotel, el mejor de todos, cuenta con un restaurante gourmet y consta de siete casas antiguas, que pertenecieron a monjes cristianos.
El Valle de la Luna (VER IMAGEN)
Ubicado en un estratégico lugar,
entre el Desierto de Atacama y la Cordillera de los Andes, el chileno Valle de la Luna, a 17 kilómetros de San Pedro, ha engendrado unas formaciones de piedra y arena de gran belleza, a causa de las inundaciones y de la fuerza del viento. Copiando la textura del desierto, esta región, a 2.550 metros del nivel del mar, exhibe el aspecto lunar de sus lagos secos cubiertos de un blanco manto de sal y una completa gama de colores que muestra su lado más fotogénico al atardecer. Si tienes el privilegio de visitarlo, procura hacerlo en luna nueva porque verás una estampa imponente. Un lugar que no necesita flora, fauna ni humedad para invitar a la contemplación.
El Salar de Uyuni (VER IMAGEN)
Su belleza no es gratuita.
Detrás de esta región boliviana se esconde el mayor desierto de sal del mundo o, lo que es lo mismo, 64.000 millones de toneladas. Situado a 3.700 metros del nivel el mar, el salar se presenta ante tus ojos como una inmensa llanura blanca, infinita en el horizonte. No es para menos. De este a oeste acapara 250 kilómetros y de norte a sur la nada desdeñable distancia de 150 kilómetros. Nada menos que 12.000 kilómetros que en su día fueron bañados por un mar que llegaba hasta el lago Titicaca. El récord en sal no es el único que ostenta. También presume de albergar la mayor reserva de litio del mundo. No dejes de visitarlo porque te estarás perdiendo uno de los sitios más populares para un turismo que reserva paquetes de aventura de hasta cuatro días con 4x4 y guía incluido. Toda una aventura en la que no puede faltar, la Isla Pescado. Ubicada en el centro del salar, cobija una especie de cactus que sobrepasa los 10 metros de alto.
Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote.
El Desierto Blanco, en Egipto.
Parque de Timanfaya, Lanzarote (VER IMAGEN)
Su paisaje lunar nos recuerda constantemente cómo se formó esta hermosa
isla volcánica, cubierta de lava en una cuarta parte y reserva Biológica por la Unesco. No es para menos. Su Parque Nacional de Timanfaya atrae a turistas e incluso a cineastas. Hasta 33 películas han elegido esta zona como escenario prehistórico o de ciencia ficción. Aquí se rodaron, entre otras,
Hace un millón de años,
Cuando los Dinosaurios dominaban la tierra,
La Isla Misteriosa o, más reciente,
Los abrazos rotos. El parque es un antiguo volcán activo con 25 cráteres. Ahí radica su belleza y su lado anecdótico. Si vacías un cubo de agua en uno de los agujeros, la tierra lo escupirá al instante en forma de chorro de vapor. Un detalle que te encantará comprobar in situ y que te pilla la mar de cerca.
Desierto Blanco de Egipto (VER IMAGEN)
Si no fuera por la temperatura del lugar juraríamos que este sitio se encuentra cubierto de un manto de nieve. Nada más lejos de la realidad. Su inmaculada alfombra blanca es yeso. Sus esculturas de piedra calcárea no han sido creadas por un artista, sino por la erosión. Y sus montañas de roca caliza son fruto de fuertes y continuas tormentas de arena. Si las pirámides son la visita arquitectónica más importante de Egipto, el Desierto Blanco es lo más recomendable en lo que a escenarios naturales se refiere. No dejes de pisar este lugar y, sobre todo, en las horas crepusculares, momento en el que este desierto se viste con sus colores de gala.
Arenas Blancas (VER IMAGEN)
Nuevamente el yeso y la erosión del viento vuelven a ser protagonistas y causa de un bello efecto geológico. Pero esta vez a más escala porque en
este recóndito lugar de Nuevo México, donde se desarrolló la primera bomba atómica, se encuentra el campo de arenales de yeso más grande del mundo. Una sábana esculpida constantemente por la lluvia, que hace miles de años era ocupada por un mar de 275 kilómetros y que ahora es decorada con fantasmagóricas dunas y habitada por unos curiosos lagartos que, aunque en su origen eran marrones, han conseguido aclarar su piel hasta obtener el mismo tono blanco del paisaje. Aunque te esfuerces, te costará encontrarlos.
Lençois Maranhensen (VER IMAGEN)
Siempre pensamos en los desiertos como mares de arena donde la lluvia brilla por su ausencia. Sin embargo, existe un lugar en
Brasil que, como excepción, confirma la regla. Se llama Lençois Maranhensen y es
el único desierto del mundo que se inunda. Su ubicación, cerca de la mayor selva del planeta, la Amazonia, es probable que influya en esta peculiaridad. Ubicada en el estado de Maranhâo, en la orilla norte de Brasil, gana la partida al Sahara con creces en cuanto a precipitaciones. Aquí llueve 300 veces más que en su homólogo africano, engendrando en sus lagunas un rico ecosistema de peces, tortugas y almejas. Vida que en meses de sequía mantiene, milagrosamente, vivos sus huevos bajo la arena. Si visitas el país carioca, es imprescindible pasar por este lugar, una de los más bellos de Brasil y un excelente sitio para el avistamiento de pájaros y el relax.
2/11/2010 | Elena Rodríguez
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